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Salir de la rutina, es necesario de vez en cuando

Salir de la rutina te ayudará a liberarte del estrés y a subir la autoestima perdida por no dedicarte tiempo a ti misma.

 

Salir de la rutina es necesario de vez en cuando. Imagínate entrando a tu casa, con los tenis tan sucios que ya no se sabe de qué color son, las pantorrillas salpicadas de barro, el cabello desacomodado y empapada por la lluvia, y eso sí, los pulmones llenos de nubes. Hueles a césped mojado.

 

Con todo y este desastre, traes una sonrisa de oreja a oreja: vienes de recorrer algunas calles, no muy lejos: sólo te detuviste a tomar agua, a tomar algunas fotos, y ahora no se te antoja nada que no sea un baño caliente, y quedar como nueva para leer un rato o ver la tele.

 

A los humanos de este siglo – sí, el 21 – nos hace falta un buen baño de “afuera”. Una dosis de sudar al sol, de mojarnos los pies con agua de lluvia o dejarnos sorprender por el viento, sin salir corriendo para evitarlo. Vivimos tan impermeables, tan peinadas, tan seguras viendo el mundo desde la burbuja del apartamento, la oficina o la casa. Y tener contacto con “afuera” es delicioso para los sentidos y el cuerpo. Nos devuelve a un estado un poco primitivo.

 

Hay una frase que dice algo así como que “da pena que vayamos conduciendo en un trancón rumbo al gimnasio, para subirnos media hora a una bicicleta estacionaria”, cuando podemos tomar la misma bici y evadir el estrés de la ciudad en un paseo corto. Nadie dice que hay que hacer una sesión de campo traviesa. Desde una caminata corta de media hora, relajadas, con el mp3 cargado de música o escuchando el silbido del viento en los árboles; hasta un rato de respiración o contemplación en una terraza, en la playa, o metiendo los pies en el agua fría de un río.

 

Por supuesto que la seguridad o el clima condicionan en parte nuestras salidas y el tiempo que pasamos fuera. Pero ¿Hace cuánto no miramos el jardín? Hace unas semanas un vecino hizo una sesión de yoga colectiva con sus amigos en pleno patio, frente a su casa: ¡qué domingo tan particular! Cosas que cuando las ves te llenan el alma.

 

Todos los juegos grupales o deportes en grupo caben en esta categoría; desde un “uno a uno” con la pelota de basketball, hasta un rato de volleyball. ¿Y el frisbee? Empácalo siempre, y al día siguiente te acordarás de cuántos brincos y estirones diste con tal de alcanzarlo.

 

O bien, para hacerlo más entretenido, deja el equipo especializado en casa: ni tenis sofisticados, ni trajes especiales. La actividad física en exteriores es cuestión de actitud y luego de un rato todos los involucrados dejan de ver el reloj, revisar el estatus de facebook en el celular y se concentran en el momento y el disfrute. Luego de una semana de estrés, este es el mejor remedio para reconectarte contigo misma.

 

¿Te suena el plan? Genial. En estos casos, hay que planear con antelación, y por eso te recomendamos tomar nota de este check list para salir de la rutina:

 

  • Usa ropa cómoda y ensuciable y ropa extra para cambiarte, uno nunca sabe.
  • Lleva unos zapatos sencillos.
  • Que no te falte un balón “multiusos” - nadie se va a molestar por jugar equis deporte con un balón que no corresponda exactamente al reglamentario: de hecho, dejemos el reglamento en casa.
  • Haz el paseo con un grupo de gente de esa que nunca dice que no a una buena idea: pares o impares, es lo de menos.
  • Si alguien se confiesa alérgico al deporte, no te preocupes: en exteriores, hasta jugar “scrabble” se siente distinto. No descartes llevar algunos juegos de mesa.

La calidad de aire, el frío (ese frío de verdad, no de aire acondicionado) el olor de la tierra y bueno, si nos toca, hasta un tropezón en el césped, nos devuelven no solo una mejor condición física sino un elemento importantísimo para seguir lindas por dentro y por fuera: sentirnos niños de nuevo.

 

Por eso, al regresar a la casa con muchas fotos, anécdotas y raspones, uno siente que se burló del tiempo y que estar afuera no es tan malo después de todo.