piel
piel

Actividad física: convierte el ejercicio en un feliz hábito

¿Quieres actividad física y estás decidida a incluir el ejercicio como parte de un estilo de vida saludable? ¡Felicidades! ese es el paso más importante y tan definitivo como ponerse los tenis y alistar el despertador, es la voluntad, así de simple.

 

Aunque el ritmo de nuestra rutina a veces impide que el ejercicio tenga ese lugar reservado durante la semana, y queda rezagado a “cuando tenga tiempo”, estas estrategias te servirán para que tu rutina de actividad física, sea la que sea, tenga un espacio permanente y sea parte de tu vida. ¡Después de todo, tienes la actitud, y ya con eso comenzamos ganando!

 

Estrategia: detector de excusas. Muchas son válidas y más adelante las vamos a ir solucionando juntas, otras son sólo excusas. El síndrome “es que...” nos sirve como aliado para aplazar el inicio de un deporte o esquivar la decisión de comprometernos con nosotras mismas a una actividad física. “Es que tengo mucho trabajo” “Es que está lloviendo” “Es que es tardísimo y ya no me da tiempo” “Es que me citaron a una reunión”. Algunas de esas circunstancias van y vienen, y sí, eventualmente habrá que suspender el ejercicio por causas de fuerza mayor. Pero escúchate a ti misma para saber si ese “es que...” es solucionable o te estás poniendo un obstáculo a ti misma con una actitud pesimista. La mayoría de las veces, con algunos ajustes, logramos hacer tiempo para el ejercicio. Porque la clave es esa: tiempo, ese que casi nadie tiene. Pero si así lo quieres ¡saca el tiempo! No olvides que 40 minutos es más que suficiente.

 

Levántate temprano: Parece mentira, pero algunos minutos menos de sueño te garantizan entrenar tranquila y no caer en la tentación de dejarlo “para más tarde”, cuando al final del día seguramente estarás más complicada y con menos energía que en la mañana. Si tu horario te lo permite, comienza la mañana con el ejercicio: esa sensación de “misión cumplida” te deja con la conciencia tranquila y te vas a trabajar después de haber hecho una actividad física, sabiendo que ya hiciste mucho por ti misma. Además, el ejercicio mejorará tu patrón de sueño; prácticamente tu cuerpo te irá “despertando” poco a poco. Conozco mujeres que son tan ordenadas que hasta dejan su ropa deportiva lista desde el día anterior... yo, prefiero alistarla el mismo día, aunque necesite 5 minutos extra. Prueba cuál truco te funciona mejor.

 

Respeta tu rutina de ejercicio: Esto es difícil. Una fiesta, una reunión, trabajo en la casa o ratos de estudio pueden terminar “robándole” espacio a tu ejercicio durante la semana. Para las que pagan un gimnasio, a veces es un poco frustrante haber pagado la mensualidad y sólo haberlo aprovechado 5 veces al mes. Para salir ganando, toma esa misma agenda de trabajo o de asignaciones y coloca, con marcador de otro color, el rato que necesitas de ejercicio. Una vez que lo escribes, con día y hora, puedes acomodar las demás actividades sin que interfieran. Tampoco te abrumes; no se trata de ir a diario a hacer deporte, pero que al menos 3 veces por semana sepas que tienes una cita contigo, en la piscina, la bicicleta o donde más te guste. Y anotando cuándo haces ejercicio, éste tampoco le quitará tiempo al resto de actividades y personas importantes de tu vida.

 

Estimula tus progresos. No hay que gastar un montón de dinero, pero una blusa nueva para el gimnasio, una visera, una botella nueva para el agua,... o bueno, sí, por qué no, ¡si es del caso, zapatillas deportivas para estrenar! Si ya estás notando los avances, premiarlos con un auto-regalo te anima a seguir haciendo deporte.

 

Metas pequeñas, pero realistas: Comenzar con rutinas de actividad física demasiado agotadoras podría dejarte decepcionada y rendida. Aquí el secreto, y te lo dirá cualquier profesional del deporte, es ir de menos a más. ¡Así comienza todo mundo! Busca un profesional que te oriente según tus objetivos.

 

Reconoce tu mérito: No será el entrenador, ni las amigas o los colegas los que te dirán que lo estás haciendo súper bien, eres tú misma. Reconocer lo que estás haciendo por tu salud, por tu cuerpo y por tu mente: cuestión de mirarse al espejo y decírselo una misma. Muy probablemente ese espejo te irá mostrando, con la constancia, el resultado de tu esfuerzo. Pero aún sin pararse sobre la balanza o medirse la cintura, cada mujer que hace ejercicio sabe que brilla desde adentro y que sencillamente se ve más linda. Es ese no sé qué que irradias cuando te sientes cómoda en tu piel, la sonrisa con la que terminas después de hacer deporte. ¡Ese cambio en tu Autoestima!


Hay una belleza real, hasta contagiosa en cada mujer que encuentra en el ejercicio una manera de cuidarse y quererse, porque ese cambio de los tacones a los tenis, nos luce a todas.